VOLUMEN: 4 NÚMERO: 8-9

SEXISMO, MASCULINIDAD-FEMINIDAD Y FACTORES CULTURALES

 

Miguel Moya
Darío Páez
Peter Glick
Itziar Fernández Sedano
Gabrielle Poeschl
Universidad de Granada (Spain)
Universidad del País Vasco (Spain)
Lawrence University (EE.UU.)
Universidad Nacional de Educación a Distancia (Spain)
Universidad de Oporto (Portugal)

 

Parte de esta investigación ha sido realizada dentro del proyecto SEC98-0901, concedido por la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología dentro del Plan Nacional de I + D y del que es investigador principal el primer autor.


Sexismo, Masculinidad-Feminidad y Factores Culturales

    En este trabajo se utilizan dos de los conceptos fundamentales que, en Psicología Social, se han elaborado en relación con el género: ideología e identidad. La ideología de género ha sido también denominada de otras muchas maneras: actitudes de género, actitudes del rol sexual, sexismo, etc. y se refiere a las actitudes acerca de los roles y responsabilidades considerados apropiados para hombres y mujeres. En este trabajo consideraremos una de las nuevas concepciones acerca de la ideología de género: la del sexismo ambivalente.

    El segundo concepto, identidad de género, ha sido concebido también de diferentes maneras, fundamentalmente como identidad derivada de la pertenencia grupal, como auto-percepción en términos masculinos y femeninos y, por último, como esquema del Yo. En nuestro trabajo nos centraremos en la identidad de género concebida de la segunda manera.

    En la investigación que presentamos se analiza la relación entre los niveles de sexismo de un país y, de una parte, los niveles de masculinidad y feminidad de ese país, y de otra, diversas características culturales del país.

 

Sexismo

    Tanto las recientes teorías como el trabajo empírico cuestionan la concepción tradicional de que el sexismo consiste en una simple antipatía hacia las mujeres. Según Glick y Fiske (1996), esta conceptualización tradicional del prejuicio como un reflejo de la hostilidad hacia las mujeres olvida los sentimientos positivos que existen hacia ellas y que coexisten con la antipatía sexista. Según estos autores, el sexismo es ambivalente, pues está formado por dos componentes claramente diferenciados (aunque relacionados): el sexismo hostil (SH) y el sexismo benévolo (SB). El primero coincide básicamente con el sexismo concebido tradicionalmente: una actitud negativa hacia las mujeres. El sexismo benévolo es definido como un conjunto de actitudes interrelacionadas hacia las mujeres que son sexistas en cuanto las considera de forma estereotipada y limitadas a ciertos roles, pero que tiene un tono afectivo positivo (para el perceptor) y tiende a suscitar en éste conductas típicamente categorizadas como prosociales (e.g. ayuda) o de búsqueda de intimidad (e.g. revelación de uno mismo).

    Tanto el sexismo benévolo como el hostil tienen sus raíces en las condiciones biológicas y sociales comunes a todos los grupos humanos donde, por una parte, los hombres poseen el control estructural de las instituciones económicas, legales y políticas pero, por otra parte, la reproducción sexual proporciona a las mujeres poder diádico (esto es, el poder que procede de la dependencia en las relaciones entre dos personas), en cuanto que los hombres dependen de las mujeres para criar a sus hijos y, generalmente, para la satisfacción de sus necesidades afectivo-sexuales. El poder diádico de la mujer se refleja en casi todas las sociedades en ciertas formas de ideología: actitudes protectoras hacia las mujeres, reverencia por su rol como esposas y madres y una idealización de las mujeres como objetos amorosos. La dominación de los hombres favorece el SH, dado que los grupos dominantes inevitablemente promueven estereotipos sobre su propia superioridad. Pero la dependencia de los hombres favorece el SB: esta dependencia les lleva a reconocer que las mujeres son un recurso valioso que hay que proteger y que hay que ofrecer afecto a aquellas mujeres que satisfacen sus necesidades.

    Según Glick y Fiske (1996) el sexismo benévolo sigue siendo sexismo, a pesar de los sentimientos positivos que pueda tener el perceptor, porque descansa en la dominación tradicional del varón y tiene aspectos comunes con el sexismo hostil: las mujeres están mejor en ciertos roles y espacios y son "más débiles". De hecho, el SB puede ser incluso más perjudicial que el hostil, pues puede utilizarse para compensar o legitimar el SH y, dado que el sexista hostil no suele considerarse a sí mismo sexista, la intervención en contra de esta forma de sexismo puede preentar dificultades añadidas. SH y SB son una potente combinación que promueve la subordinación de las mujeres, actuando como un sistema articulado de recompensas y de castigos para que las mujeres sepan "cuál es su sitio". La hostilidad sola crearía resentimiento y rebelión por parte de las mujeres. Es obvio que los hombres no desean ganarse la antipatía de las mujeres, dado que dependen de ellas. El sexismo benévolo debilita la resistencia de las mujeres ante el patriarcado, ofreciéndoles las recompensas de protección, idealización y afecto para aquellas mujeres que acepten sus roles tradicionales y satisfagan las necesidades de los hombres. En definitiva, los dos tipos de sexismo han de estar positivamente correlacionados, tal y como la evidencia empírica ha puesto de manifiesto (Expósito, Moya y Glick, 1998; Glick y Fiske, 1996; Glick y Fiske, 2001).

    Glick y cols. (2000), utilizando el ASI (Ambivalent Sexism Inventory) (puede verse la versión en castellano en Expósito y cols., 1998), han realizado un estudio en diferentes culturas (concretamente, en 19 países), con muestras heterogéneas formadas por un total de más de 15.000 personas. Los resultados mostraron que el SH y el SB iban "de la mano" como ideologías legitimadoras complementarias: las naciones con puntuaciones altas en SH fueron también las naciones con puntuaciones en SB elevadas. Además, las mujeres tendían a asumir las creencias sexistas, cayendo en una ideología justificadora-del-sistema: cuanto más sexistas eran los hombres de un país, más probable era que las mujeres aceptaran tanto el SH como el SB. No obstante, esta "justificación del sistema" por parte de las mujeres presentó un interesante matiz: cuanto más sexistas fueron los hombres en una cultura determinada, mayor era la diferencia entre las puntuaciones de hombres y de mujeres en SH. Esto es, las mujeres utilizan el SB para defenderse a sí mismas: cuanto más sexistas son los hombres, más buscan las mujeres la protección, idealización y afecto que el SB ofrece.

    Por otra parte, las muestras nacionales en las que las puntuaciones en sexismo eran elevadas tendían a mostrar correlaciones más bajas entre SH y SB. Cuanto más sexista era la muestra, más independiente era el SH del SB (esto podría explicar porqué los hombres presentan correlaciones más bajas entre SH y SB, dado que ellos tienden a ser más sexistas).

    Por último, las puntuaciones medias nacionales en SH y SB estuvieron relacionadas con indicadores reales de desigualdad de género suministrados por las Naciones Unidas – proporción de mujeres en los roles de élite (GEM) y longevidad, nivel de educación y calidad de vida de las mujeres (GDI).

 

Masculinidad-Feminidad

    Una de las maneras de concebir a la masculinidad y a la feminidad es como la autopercepción en una serie de características de personalidad. Durante muchos años se consideró a la masculinidad y a la feminidad como una única dimensión, con dos polos, que hacía posible clasificar a una persona en un determinado punto de ese continuo. Es decir, ésta podía ser en mayor o menor grado masculina o femenina, pero nunca las dos cosas a la vez. Asimismo, los roles sexuales estaban rígidamente ligados al sexo biológico, de manera que el ser masculino o femenino dependía básicamente de ser hombre o mujer. Sin embargo, esta concepción empezó a ser cuestionada, surgiendo en la década de los setenta una nueva concepción de la masculinidad y feminidad como dos dimensiones independientes, de tal forma que las personas obtienen puntuación por separado en cada una de ellas. Fruto de esta nueva concepción nació el concepto de "androginia" para designar a aquellas personas que presentan en igual medida rasgos masculinos y femeninos. En esta nueva concepción, la masculinidad y la feminidad representan dos conjuntos de habilidades conductuales y competencias interpersonales que los individuos -independientemente de su sexo- usan para relacionarse con su medio (Kelly y Worell, 1977). Desde esta perspectiva, hombres y mujeres son mucho más parecidos en su psicología de lo que tradicionalmente se asumía (Orloffsky y Stake, 1981).

    La principal representante de este nuevo enfoque es Sandra L. Bem ( 1974) quien construyó un inventario del rol sexual, el BSRI -Bem Sex Role Inventory, considerado como representativo de esta nueva generación de inventarios. El BSRI es un cuestionario de auto-informe, que contiene 20 rasgos masculinos y 20 femeninos. Los contestantes indican el grado en el que cada rasgo le describe, sobre una escala de 1 (Nunca) a 7 (Siempre). Bem construyó el BSRI basándose en rasgos que se consideraban normativos para los hombres y para las mujeres en una muestra de universitarios estadounidenses.

    Los estudios transculturales han proporcionado apoyo mixto acerca de la validez del BSRI como indicador de masculinidad y feminidad en una gama amplia de culturas. Algunos estudios que investigan su fiabilidad confirman que la escala tiene una consistencia interna alta con participantes de EE.UU., China, India, Malasia y asiáticos-musulmanes (Damji y Lee, 1995). También se han encontrado índices de fiabilidad satisfactorios en las versiones del BSRI en japonés, alemán, árabe, italiano (Lenney, 1991), francés, portugués y español (Amancio, 1993; Lorenzi–Cioldi, 1993; Moya, 1993). Sin embargo, hay que admitir que la mayor parte de la evidencia acerca de la validez de BSRI y de su fiabilidad procede de muestras de EE.UU. Así, una revisión de novecientos artículos publicados entre 1974 y 1992 en los que se utilizó el BSRI, indicó que sólo el 2% de las investigaciones usaron muestras no caucásicas (Damji y Lee, 1995). Los estudios realizados con otras muestras indican que la estructura factorial de las escalas es ligeramente diferente. Además, cuando a las personas de culturas diferentes se les pregunta acerca de si cada ítem incluido en el inventario es significativamente más deseable para un hombre que para una mujer (el criterio usado por Bem para seleccionar los ítems), muchos de los ítem no cumplieron este criterio. Lo mismo puede decirse sobre las diferencias observadas entre hombres y mujeres en sus auto-evaluaciones en los rasgos masculinos y femeninos.

    Las auto-concepciones de hombres y mujeres en masculinidad y feminidad muestran cambios históricos e influencias socio–culturales. Por ejemplo, un meta–análisis de estudios realizados con muestras norteamericanas (Twenge, 1997) ha encontrado un aumento (de 1970 a 1995) en las mujeres y en los hombres en la escala de masculinidad del BSRI (más fuerte en las mujeres que en los hombres), pero pocos cambios temporales en la escala de feminidad. En lo que respecta a las diferencias culturales, los resultados no presentan un modelo unánime. Por ejemplo, algunos estudios indican que en las culturas asiático tradicionales y en las africanas las diferencias de género en el auto–concepto podrían ser más bajas que en las culturas occidentales (Fiske, Markus, Kitayama y Nisbett, 1998; Okeke et al, 1999). Otros estudios sugieren la existencia de feminidad más alta en los países y en las muestras colectivistas (como asiáticos o latino-americanos) en comparación con los individualistas (Damji y Lee, 1995; Hofstede, 2001). Así, a pesar de la segregación de género más elevada y del machismo más tradicional, los habitantes de países africanos, latinoamericanos y mediterráneos, valoran más la conducta social femenina (tanto en hombres como en mujeres). En paralelo a los resultados en Feminidad, otros estudios sugieren la existencia de niveles más altos de Masculinidad en los países individualistas, donde el auto–control y la auto–dirección son valorados (Basow, 1986; Sugihara y Katsurada, 1999).

    Sin embargo, este patrón de resultados no es unánime. Así, otros estudios, en los que también se ha utilizado el BSRI, han encontrado en participantes chinos y japoneses puntuaciones más bajas en feminidad que en los participantes estadounidenses (Lin y Rusbult, 1995; Sugihara y Katsurada, 1999), y algunos autores sugieren que la feminidad o expresividad es más alta en las sociedades individualistas, donde la interdependencia se crea y se mantiene voluntariamente, que en las colectivistas, donde los grupos ya le vienen dados al individuo prácticamente desde su nacimiento.

 

Factores culturales

    Son muchos los factores culturales que se podrían considerar relacionados con el sexismo. En este trabajo nos centraremos en los formulados por Hofstede, en el nivel de desarrollo humano de un país y en varios índices relacionados con los valores y las características de la familia. La selección de estos factores se ha realizado teniendo en cuenta su disponibilidad (para los países que hemos estudiado) y su relevancia para el sexismo (como se justifica más adelante).

    Según Hofstede (1999), la forma en la que los habitantes de cualquier país piensan, sienten y actúan respecto a los asuntos vitales para su supervivencia está estructurada y varía a lo largo de varias dimensiones: individualismo-colectivismo, masculinidad-feminidad, distancia de poder y evitación de incertidumbre. Estas dimensiones describen los problemas básicos a los que toda sociedad debe enfrentarse; además, la variación de los países en estas dimensiones muestra cómo estas sociedades se enfrentan a tales problemas de manera diferente. Hofstede (1999) proporciona los datos de 26 países en las dimensiones culturales de individualismo-colectivismo, masculinidad-feminidad, distancia de poder y evitación de incertidumbre. Dichas puntuaciones se basan en los cuestionarios suministrados a empleados de IBM en numerosos países en los años setenta, quienes debían indicar la importancia dada a una serie de valores en el ámbito laboral.

    En estos estudios, Hofstede encontró que había una dimensión cultural que oponía los valores laborales cooperativos (llevarse bien con los jefes y con los compañeros, estabilidad laboral y cercanía residencia-lugar de trabajo) a los competitivos (remuneración, reconocimiento, promoción y reto). Dado que esta fue la única dimensión en la que hombres y mujeres puntuaron de manera diferente (aunque esta diferencia fue menor en los países más femeninos), Hofstede denominó a esta dimensión Masculinidad-Feminidad. Las culturas femeninas enfatizan la cooperación y el apoyo social y, probablemente, refuerzan la expresividad, mientras que las culturas masculinas enfatizan la competición, las recompensas materiales y laborales y refuerzan la instrumentalidad (Hofstede, 1999). Hofstede también encontró que en los países masculinos hombres y mujeres eran más diferentes (de acuerdo con los roles de género tradicionales) que en los países femeninos, donde hombres y mujeres eran más parecidos (mostrando las características consideradas tradicionalmente femeninas). De acuerdo con esto, cabe esperar que la masculinidad cultural suministrada por el índice de Hofstede, estuviera positivamente relacionada con el sexismo.

    Hofstede (1999, p.102) considera que el individualismo "pertenece a sociedades en las que los vínculos entre los individuos son laxos, se espera que cada cual cuide sólo de si mismo y de su familia", mientras que "el colectivismo pertenece a las sociedades en las que las personas desde que nacen se integran en endogrupos fuertes y coherentes, que a lo largo de sus vidas les da protección a cambio de una lealtad incuestionable". En principio no tenemos una hipótesis clara acerca de la relación entre individualismo y sexismo, por lo que hemos incluido esta variable con propósito exploratorio.

    La dimensión "Distancia de poder" se refiere a la cantidad de deferencia y de respeto que se considera deseable entre superiores y subordinados y al grado en el que se aceptan las diferencias de status. En sociedades con puntuaciones altas en distancia de poder, las personas de alto status ejercen su autoridad y las personas aceptan las distinciones de status como algo legítimo; en las sociedades bajas en esta dimensión, en cambio, las distinciones de status son menores y las relaciones son más igualitarias. Esta dimensión está relacionada con el reparto de poder en general, incluido el reparto de poder entre los sexos (Hofstede, 1999). En consecuencia, la distancia al poder debería estar positivamente relacionada con el sexismo.

    Por último, la dimensión de "evitación de la incertidumbre" hace referencia al grado en el que la gente se siente amenazada por las situaciones ambiguas o desconocidas, las cuales intenta evitar por medio de códigos y creencias estrictas. Igual que ocurría con el individualismo, en este caso no realizamos una predicción clara acerca de la relación de esta dimensión con el sexismo.

    Es probable que los niveles de sexismo de un país estén relacionados, inversamente, con el nivel de desarrollo de ese país. A simple vista, da la impresión de que la igualdad entre hombres y mujeres conseguida en las últimas décadas se ha conseguido en países desarrollados (de igual manera que podría decirse que la situación de la mujer es especialmente penosa en los países más pobres). Esta relación puede ser incluso más clara cuando el desarrollo de un país se mide no sólo con criterios económicos, sino con otros más generales, como el desarrollo humano: longevidad, educación, etc.

    Además de analizar la relación directa entre desarrollo y sexismo, pretendíamos averiguar si la posible relación de las dimensiones culturales de Hofstede con el sexismo se debe propiamente a esas dimensiones o al nivel de desarrollo humano del país.Una medida aún más relacionada con el nivel democrático e igualitario de un país es el respeto a los derechos humanos y, un índice de este constructo se incluyó en nuestro estudio.

    Por último, utilizamos varios índices culturales que nos han parecido especialmente relevantes para el género, como son el tamaño medio de la familia y la fecundidad media por mujer o tasa de fertilidad durante los años 1995-2000. También hemos incluido unos índices relacionados con pautas de socialización, proporcionados por Inglehart, y referidos al porcentaje de personas que valoran intensamente una serie de atributos en la educación de los niños.

    En definitiva, los objetivos de esta investigación son analizar si los niveles de sexismo hostil y benévolo de un país están relacionados con los niveles de masculinidad y feminidad de ese país y con diversos índices culturales. Concretamente nos planteamos las siguientes preguntas:

1) ¿Están relacionados positivamente los niveles de masculinidad-feminidad de los habitantes de un país con su aceptación del sexismo? ¿Se da esta relación con igual intensidad en hombres y en mujeres? ¿Se da esta relación con igual intensidad cuando se trata de sexismo hostil que cuando es sexismo benévolo? En principio podríamos esperar que cuanto más masculinos sean los hombres de un país, y más femeninas sean las mujeres, más sexistas (hostiles y benévolos) serán los hombres y mujeres de ese país

2) ¿Están las dimensiones culturales propuestas por Hofstede relacionadas con los niveles de sexismo de un país? Y más específicamente: ¿cuanto más masculino es un país -según el índice de Hofstede- más sexistas son sus habitantes? Cuanto más distancia al poder hay en un país, ¿mayores son los niveles de sexismo?

3) ¿Están el tamaño medio de la familia y la tasa de fertilidad de la mujer adulta relacionados con los niveles de sexismo de un país? Sería de esperar que cuanto más sexista es un país, más se ajustan hombres y (especialmente mujeres) a los roles tradicionales de género y, en consecuencia, mayor es el número de hijos que tienen.

4) ¿Están el nivel de desarrollo humano, el respeto hacia los derechos humanos y los valores que se consideran apropiados para fomentar en los niños y niñas, relacionados con los niveles de sexismo de un país? Esperamos que en los países con menor desarrollo humano, en los que se respetan menos los derechos humanos y en los que se considera más apropiado fomentar la obediencia, la religiosidad y los buenos modales (en oposición a la independencia) en los niños y niñas, los niveles de sexismo sean más elevados.

    En esta investigación se consideran a los países como unidades de análisis, y las puntuaciones en sexismo, masculinidad-feminidad y en las otras dimensiones reflejan generalmente las puntuaciones medias obtenidas en estudios realizados con individuos de cada país. En otros casos (IDH, derechos humanos, fertilidad...) se utilizan índices basados en datos nacionales (véase el apartado más adelante).

 

MÉTODO

Participantes

    En este estudio se utilizan datos procedentes de tres fuentes diferentes:

1) La primera fuente proporcionó información acerca de la masculinidad y feminidad de participantes de 29 países y estuvo integrada por 5688 personas (2459 varones y 3229 mujeres) con una edad media de 21.78 años (SD = 4.25). Todos los participantes eran estudiantes en Facultades de Ciencias Sociales. La tabla 1 muestra una descripción de las muestras de cada país, indicando el número de hombres y de mujeres que las componen y las puntuaciones medias y desviaciones típicas obtenidas en las escalas de masculinidad y feminidad.

 

Tabla 1. Descripción general de las puntuaciones en masculinidad y feminidad de varones y mujeres de 28 países.

 

Masculinidad

Feminidad

Nación

SEXO

N

M

SD

F

p

M

SD

F

p

Argentina

H

91

4.16

1.03

2.63

.11

5.13

.95

710

.01

 

M

132

3.92

1.18

   

5.47

.96

   

Bélgica

H

16

4.21

1.16

.05

.83

5.16

.98

720

.01

 

M

74

4.15

.97

   

5.42

.79

   

Bolivia

H

53

4.41

1.04

.01

.93

5.27

.90

418

.04

 

M

57

4.42

.94

   

5.62

.91

   

Brasil

H

233

4.43

1.01

1.07

.30

5.28

1.00

2945

.001

 

M

255

4.33

1.10

   

5.75

.91

   

Colombia

H

60

4.13

1.08

.07

.80

4.99

1.22

485

.03

 

M

66

4.08

1.00

   

5.43

1.01

   

Chile

H

59

4.35

1.07

.20

.65

4.84

1.07

1937

.001

 

M

78

4.43

1.02

   

5.49

.85

   

China

H

69

3.94

.81

742

.01

4.76

.90

.88

.35

 

M

66

3.56

.80

   

4.90

.91

   

El Salvador

H

18

4.40

1.27

452

.04

5.60

.97

.30

.59

 

M

88

3.67

1.33

   

5.42

1.30

   

Francia

H

91

4.43

1.02

670

.01

5.20

.96

.19

.67

 

M

97

4.03

1.12

   

5.26

1.00

   

Alemania

H

41

3.77

.78

.21

.65

5.20

.84

1.99

.16

 

M

66

3.85

1.01

   

5.44

.86

   

Ghana/

Nigeria #

H

43

3.67

.93

.32

.57

4.57

1.48

.10

.75

 

M

21

3.81

1.00

   

4.44

1.50

   

Grecia

H

23

4.01

1.36

.89

.35

5.25

.85

.65

.42

 

M

94

3.76

1.09

   

5.51

1.40

   

Guatemala

H

6

4.20

1.06

.27

.61

5.73

.73

.83

.37

 

M

26

4.49

1.28

   

5.33

1.02

   

Irán

H

29

4.06

.98

.44

.51

5.37

.86

1.91

.17

 

M

51

3.91

.99

   

5.01

1.28

   

Italia

H

56

4.63

1.25

427

.04

5.21

1.01

985

.001

 

M

61

4.10

1.45

   

5.76

.91

   

Méjico

H

83

4.58

1.24

525

.02

4.90

1.01

1630

.001

 

M

85

4.15

1.17

   

5.39

.99

   

Panamá

H

20

4.59

1.25

.39

.53

5.51

1.15

.05

.82

 

M

57

4.80

1.28

   

5.57

1.13

   

Perú

H

56

4.10

.87

475

.03

5.18

1.19

2.13

.15

 

M

58

4.52

1.16

   

5.47

.99

   

Portugal

H

108

4.37

.90

1442

.001

5.00

.87

2343

.001

 

M

154

3.91

1.02

   

5.54

.88

   

Rusia

H

130

4.48

1.01

1399

.001

4.72

1.10

840

.001

 

M

134

4.03

.95

   

5.10

1.04

   

Singapur

H

61

4.29

.91

1.89

.17

4.83

.95

2.09

.15

 

M

58

4.06

.94

   

5.07

.83

   

España

H

573

3.73

1.02

3.10

.08

4.99

.95

5974

.001

 

M

687

3.63

1.16

   

5.39

.92

   

Suiza

H

32

3.66

.99

.00

.97

5.13

.80

3.37

.07

 

M

142

3.65

1.11

   

5.45

.90

   

Taiwán

H

5

3.64

.62

.41

.53

4.92

1.13

.21

.65

 

M

17

3.86

.68

   

4.68

.99

   

Líbano

H

61

4.57

1.24

537

.02

5.15

1.24

1086

.001

 

M

58

4.09

1.00

   

5.82

.97

   

Turquía

H

38

4.43

.88

3.21

.08

5.28

.86

520

.02

 

M

67

4.10

.91

   

5.67

.83

   

USA

H

59

5.00

1.09

485

.03

4.93

1.11

2029

.001

 

M

43

4.54

.93

   

5.82

.80

   

Venezuela

H

93

4.34

1.04

927

.001

5.12

1.01

1723

.001

 

M

122

3.86

1.23

   

5.68

.93

   

Nota: # Nigeria y Ghana son países con muy pocos participantes.
La Masculinidad y la Feminidad son constructos de 5 items cada uno

 

2) La segunda fuente proporcionó información acerca de los niveles de sexismo de los participantes de 19 países y estuvo integrada por los más de 15.000 participantes del estudio de Glick et al. (2000), quienes contestaron el Cuestionario de Sexismo Ambivalente (ASI) de Glick y Fiske (1996), en su lengua materna. En la tabla número 2 aparecen las puntuaciones medias de los varones y mujeres de cada país.

 

Tabla 2. Puntuaciones medias en sexismo hostil y benévolo de varones y mujeres de 20 países.

Nación

Sexismo hostil

Sexismo benévolo

 

Todos

Varones

Mujeres

Todos

Varones

Mujeres

Alemania

2,0

1,72

2,37

2,39

2,41

2,36

Argentina

1,94

2,42

1,84

2,27

2,29

2,26

Australia

1,88

2,08

1,74

1,94

2,06

1,85

Bélgica

1,94

2,51

1,8

2,02

1,93

2,04

Bostwana

2,77

3,29

2,41

3,35

3,28

3,45

Brasil

2,07

2,64

1,68

2,41

2,55

2,33

Colombia

2,67

3,13

2,51

2,87

2,85

2,88

Chile

2,63

3,04

2,22

3,03

3,04

3,02

Cuba

3,33

3,66

3,07

3,63

3,43

3,81

EE.UU.

1,87

2,24

1,60

2,14

2,3

2,02

España

2,41

2,83

1,71

2,41

2,60

2,10

Holanda

1,86

1,97

1,72

2,07

2,19

1,91

Inglaterra

1,96

2,14

1,76

1,96

2,0

1,92

Italia

2,25

2,84

1,85

2,33

2,18

2,23

Japón

2,33

2,35

2,22

2,37

2,4

2,32

Corea del Sur

2,60

2,91

2,03

2,64

2,67

2,56

Nigeria

2,98

3,35

2,52

3,48

3,36

3,64

Portugal

2,21

2,86

2,04

2,25

2,45

2,2

Sudáfrica

2,79

3,44

2,41

3,35

3,20

3,45

Turquía

2,56

2,90

2,09

2,59

2,54

2,63

 

3) La tercera fuente de información nos proporciona datos acerca de las variables culturales. Los niveles de masculinidad-feminidad, individualismo-colectivismo, distancia de poder y evitación de la incertidumbre se extrajeron de los trabajos de Hofstede (1999). El Indice de Desarrollo Humano lo proporciona las Naciones Unidas (fácil de obtener en su página web). El tamaño medio de la familia y la fecundidad media por mujer o tasa de fertilidad para 1995-200 se extrajeron del Informe Mundial sobre la Cultura de la Unesco (2001). El índice de respeto a los derechos humanos lo proporciona Gupta et al. (1994). Los valores que se fomentan en la socialización fueron extraídos del trabajo de Inglehart, Basañez y Moreno (1998).

 

Material y procedimiento

    Tal y como hemos indicado, en esta investigación se utilizan una serie de indicadores culturales de cada uno de los países que participan en el estudio, así como las puntuaciones medias obtenidas en masculinidad, feminidad, sexismo hostil y sexismo benévolo por participantes de los diferentes países. Comenzaremos señalando los indicadores culturales y socio-demográficos, que corresponden a la tercera fuente de información mencionada.

Factores socio-económicos. Se obtuvo el Indice de Desarrollo Humano, que combina 3 componentes básicos de desarrollo humano: longevidad (esperanza media de vida de la nación), educación (tasa de alfabetización y población escolarizada) y nivel de vida (Producto Nacional Bruto por persona). El IDH es considerado como un buen índice del desarrollo, mejor que otros más limitados como el Producto Interior Bruto o la renta per cápita (Cordelier y Didiot, 1997). Las puntuaciones de IDH de cada nación se obtienen de las Naciones Unidas-Programa para el Desarrollo (NDP).

Factores demográficos. El tamaño medio de la familia y la fecundidad media por mujer o tasa de fertilidad para 1995-200 se extrajeron del Informe Mundial sobre la Cultura de la Unesco (2001, Madrid: Mundi-Press).

Derechos Humanos (civiles).Utilizamos el índice proporcionado por Gupta et al. (1994, citado en Diener, Diener y Diener, 1995) acerca del grado en el que en cada nación se respetan 40 derechos humanos diferentes (e.g., ausencia de investigaciones sin garantía, tribunales de justicia independientes, inocencia hasta que no se pruebe la culpabilidad, ausencia de juicios secretos o libertad para enseñar ideas). Cuanto menor es la puntuación, más derechos se respetan en el país.

Factores culturales. Hofstede (1999) proporciona los datos de 26 países en las dimensiones culturales de individualismo-colectivismo, masculinidad-feminidad, distancia de poder y evitación de incertidumbre. Dichas puntuaciones se basan en los cuestionarios suministrados a empleados de IBM a nivel mundial en los años setenta. Estas puntuaciones muestran validez convergente con las encuestas de valores y los estudios transculturales actuales (Schwartz, 1995; Smith y Bond, 1993).

Socialización: Inglehart proporciona el porcentaje de personas que valoran intensamente una serie de atributos en la educación de los niños. Los atributos que hemos recogido en este trabajo son Buenos Modales, Obediencia y Religiosidad, como indicadores de socialización tradicional, e Independencia, como indicador de socialización más igualitaria (Inglehart, Basañez y Moreno, 1998).

    En lo que se refiere a las fuentes de información denominadas anteriormente tipo 1 y 2, utilizamos las siguientes:

Feminidad-Masculinidad del Autoconcepto: Fernández (2001) proporciona las puntuaciones medias de feminidad o expresividad y de masculinidad o instrumentalidad del auto-concepto, obtenidas mediante una versión corta del BSRI. Un análisis factorial confirmatorio multimuestra confirmó que los factores, los pesos y la covarianza del BSRI eran comparables en nueve regiones culturales. Los items que componen la escala de masculinidad son: personalidad fuerte, dominante, agresivo/a, actúa como líder y duro/a. Los que componen la escala de feminidad: cariñoso/a, sensible a las necesidades de los otros, cálido/a, tierno/a y amante de los niños/as.

Sexismo Hostil y Benévolo: Se utilizó la media de sexismo hostil y benévolo de 19 naciones proporcionada por Glick y cols. (2000). Cuanto mayores son las puntuaciones, mayores niveles de sexismo caracterizan a los participantes. La escala de sexismo hostil consta de 11 items (por ejemplo: "las mujeres intentan ganar poder controlando a los hombres"; "las mujeres exageran los problemas que tienen en el trabajo"; o "existen muchas mujeres que, para burlarse de los hombres, primero se insinúan sexualmente a ellos y luego rechazan sus avances). La escala de sexismo benévolo también consta de 11 items, que reflejan las creencias de que a las mujeres hay que protegerlas, que las mujeres tienen una superioridad complementaria (moral, estética y de pureza), así como con la valoración de la intimidad heterosexual y que un hombre debe tener una mujer a quién querer. Los coeficiente alpha de estas escalas en cada país pueden consultarse en Glick et al. (2000) y son, en general, bastante altos.

 

RESULTADOS

Sexismo ambivalente y masculinidad-feminidad (BSRI)

    En este análisis se utilizaron las puntuaciones medias de los participantes de cada país (conjuntamente y de manera separada hombres y mujeres) en sexismo y en masculinidad-feminidad. Como puede verse en la tabla número 3, el SH apareció relacionado con la feminidad tanto de hombres (r = -.61) como de mujeres (r = -.63). En el caso del SB, las correlaciones fueron incluso más elevadas (r = -.70 en el caso de los varones y r = -.72 en el de las mujeres). Esto es, cuanto más femeninos son los hombres y mujeres de un país, menos sexistas son. Analizando de manera más pormenorizada las correlaciones puede observarse como cuanto más masculinos son los hombres de un país menos sexistas benévolos son (r = -.56, p = .06), pero no menos sexistas hostiles (r = -.16, p = .62); en cambio, cuanto más masculinos son los hombres de un país menos sexistas hostiles son las mujeres de ese país (r = -.55, p = .06), pero no menos sexistas benévolas (r = -.47, p = .12). Cuanto más femeninos son los hombres de un país menos sexistas (hostiles y benévolos) son los hombres y mujeres de ese país, aunque las correlaciones sólo alcanzan el nivel de significación en el caso del sexismo benévolo. Por último, cuanto más femeninas son las mujeres de un país menos sexistas son los hombres y mujeres (aunque no se alcanza el nivel de significación en el caso del SH en los hombres).

 

Tabla 3. Correlaciones entre sexismo (hostil, benévolo) y masculinidad-feminidad (n = 12)

Feminidad

Masculinidad

Masculinidad hombres

Masculinidad Mujeres

Feminidad Hombres

Feminidad Mujeres

Sexismo Hostil

-,531+ -,407 -,493 -,253 -,612* -,635*

Sexismo Benévolo

-,606* -,364 -,534+ -,132 -,700* -,725**

SH hombres

-,385 -,162 -,157 -,100 -,519+ -438

SB hombres

-,617* -,362 -,565+ -,133 -,738** -,667*

SH mujeres

-,496 -,471 -,551+ -,290 -,449 -,614*

SH mujeres

-,579* -,325 -,468 -,093 -,665* -,744**

+ p < .08; * p < .05; ** p < .01

 

Sexismo ambivalente y dimensiones culturales

    En lo que se refiere a las dimensiones culturales de Hofstede, como puede apreciarse en la tabla 4, las masculinidad-feminidad cultural no apareció relacionada con ningún tipo de sexismo, ni en hombres ni en mujeres. Tampoco estuvo relacionada la evitación de la incertidumbre. En el caso del individualismo, a mayor individualismo menor sexismo (tanto en SH como en SB y tanto en hombres como en mujeres). En el caso de la distancia de poder, cuanto mayor era este nivel, más sexista eran los contestantes del país (el único subgrupo en el que no hubo diferencias fue en el SH de las mujeres).

 

Tabla 4. Correlaciones entre sexismo (hostil, benévolo) y las dimensiones culturales de Hofstede (n = 18)

Masculinidad-Feminidad (> puntuación > masculinidad)

Individualismo-Colectivismo (> puntuación, > individualismo)

Distancia de Poder (> puntuación > respeto, deferencia)

Evitación de la Incertidumbre (> puntuación > Incertidumbre)

Sexismo Hostil

-,055

-,717**

,665**

172

Sexismo Benévolo

-,090

-,638**

,528*

-11

SH hombres

-,144

-,658**

,724**

276

SH mujeres

163

-,598**

339

91

SB hombres

-,199

-,680**

,526*

-10

SB mujeres

-45

-,621**

,521*

-31

* p < .05; ** p < .01

 

Relación entre sexismo ambivalente y otras características culturales

    Como puede apreciarse en la tabla núm. 5, la relación entre el Índice de Desarrollo Humano y el SH y SB fue significativa (r = -.77 en el primer caso y r = -.86 en el segundo). Cuanto más desarrollo humano hay en un país, menos sexista es. La tendencia a correlacionar algo más intensamente en el caso del SB se sigue manteniendo cuando se analizan por separado hombres y mujeres, aunque en el caso de estas últimas la tendencia incluso se acentúa.

 

Tabla 5. Correlaciones entre sexismo (hostil, benévolo) y otras dimensiones culturales

IDH

(n = 19)

Buenos modales

(n = 16)

Obediencia

(n = 16)

Religiosidad

(n = 16)

Independencia

(n = 16)

Tamaño medio de la familia

(n = 18)

Tasa fertilidad mujer adulta

(n = 20)

Derechos humanos

(n = 15)

Sexismo Hostil

-.77**

,667**

400

,555*

-,532*

,689**

,486*

,834**

Sexismo Benévolo

-.86**

,522*

,519*

,711**

-,513*

,693**

,643**

,837**

SH hombres

 

-.73**

,548*

,535*

,617*

-,806**

,748**

,516*

,818**

SB hombres

 

-.84**

,546*

,547*

,709**

-,485+

,695**

,631**

,754**

SH mujeres

 

-.64**

,321

,179

,314

-,143

,440+

,377

,709**

SB mujeres

 

-0.89

,518*

,520*

,713**

-,528*

,687**

,668**

,839**

+ p < .07, * p < .05, ** p < .01*

 

    En la misma tabla 5 puede apreciarse como el respeto de los derechos civiles se relaciona con el desacuerdo con el SB (r = .84, p = .000 y con el desacuerdo con el SH (r = .83, p = .000), y esto ocurre prácticamente con la misma intensidad en hombres y en mujeres.

    En lo que respecta al tamaño medio de la familia y a la tasa de fertilidad de la mujer adulta puede observarse en la tabla 5 que cuanto más sexistas son los habitantes de un país, más hijos tienen las mujeres de ese país (y mayor es el tamaño de la familia). Esto es cierto en los dos tipos de sexismo y tanto si consideramos a hombres como a mujeres (aunque cabe destacar que las correlaciones disminuyen considerablemente cuando el índice que se considera es el sexismo hostil de las mujeres).

    Como esperábamos, los valores que se consideran adecuados para inculcar a niños y niñas guardan relación con los niveles de sexismo del país: cuanto más sexistas son los individuos, más se valoran los buenos modales, la religiosidad y la obediencia; y menos la independencia (tabla núm. 5). De nuevo hay que señalar que las correlaciones dejan de ser significativas cuando se consideran los niveles de SH de las mujeres.

    Con el fin de diferenciar los efectos de las dimensiones culturales propuestas por Hofstede del efecto del nivel de desarrollo humano de un país, se realizaron dos análisis de regresión múltiple, por pasos, en el que se introdujeron como variables predictoras las cuatro dimensiones de Hofstede más el IDH y, como variables criterio, en un análisis el SH y en otro el SB. En ambos casos, la única variable que entró en la ecuación de regresión fue el Indice de Desarrollo Humano: en el caso del SH el coeficiente β fue -.78 (p < .000) y en el del SB,

β = -.85 (p< .000).

    También se realizaron dos análisis de regresión múltiple (uno para el SH como variable dependiente y otro para el SB), por pasos, incluyendo como variables predictoras a todas las que hemos incluido en nuestro estudio: masculinidad, feminidad, las cuatro dimensiones culturales propuestas por Hofstede (masculinidad-feminidad, individualismo-colectivismo, distancia al poder y reducción de la incertidumbre), el Indice de Desarrollo Humano, los valores considerados apropiados para la socialización (buenos modales, religiosidad, obediencia e independencia), el tamaño medio de la familia, la tasa de fecundidad de la mujer adulta y los derechos civiles. Los resultados mostraron que en el caso del SH sólo una variable entró en la ecuación de regresión: los buenos modales como valor para la socialización (β = .82 (p< .01). En caso del SB, dos variables resultaron significativas: el respeto a los derechos civiles (β = .86 (p< .000) y la obediencia como valor socializador ( = .49 (p< .01).

 

DISCUSIÓN

    Los resultados de este estudio muestran que el sexismo, tanto el hostil como el benévolo, están relacionados negativamente con la feminidad (medida con la versión reducida del BSRI): cuanto más femenino es un país, menos sexista es. Este resultado no confirma nuestra hipótesis, que establecía que los países más sexistas serían aquellos en los que los hombres fueran masculinos y las mujeres femeninas. La ausencia de relación significativa entre masculinidad y sexismo podría explicarse porque el sexismo es sobre todo una ideología referida a las "relaciones" entre hombres y mujeres. Si se analiza el contenido de la escala de masculinidad (personalidad fuerte, dominante, agresivo/a, actúa como líder y duro/a), puede observarse como estos items no se refieren a las relaciones. Además, contrariamente a la idea tan extendida de complementariedad entre los sexos (esto es, que cuando en un país los hombres son masculinos, las mujeres serán femeninas -y viceversa), nuestros datos muestran que la masculinidad de los hombres de un país y la masculinidad de las mujeres están positivamente relacionadas (r = .62, p < .01). Por tanto, los países masculinos son aquellos en los que tanto hombres como mujeres presentan rasgos instrumentales (lo que supone, en cierto sentido, salirse de las creencias sexistas tradicionales).

    El hecho de que cuanto más femenino sea un país menos sexismo haya podría deberse al hecho de que la feminidad consiste fundamentalmente en una orientación hacia las relaciones (y así lo acreditan los items de nuestra escala: cariñoso/a, sensible a las necesidades de los otros, cálido/a, tierno/a y amante de los niños/as). Además, igual que ocurría con la masculinidad, la feminidad de los hombres de un país y la feminidad de las mujeres está positivamente relacionada (r = .45, p = .02). Si a esto añadimos el hecho de que el índice de desarrollo humano de un país está relacionado con la feminidad de sus habitantes (r = .37, p = .06), pero no con la masculinidad (r = .17, ns), podemos deducir que los países más desarrollados son más igualitarios y más "femeninos", lo cual coincide con los resultados de Hofstede (1999).

    En lo que se refiere a las dimensiones culturales propuestas por Hofstede, contrariamente a lo esperado, la masculinidad-feminidad cultural no apareció relacionada con ningún tipo de sexismo, ni en hombres ni en mujeres. Conviene, además, tener en cuenta que la masculinidad-feminidad cultural no correlacionó con las puntuaciones en masculinidad y feminidad (de hombres y de mujeres) medidas con el BSRI. En consecuencia, podemos considerar que aunque reciban el mismo nombre, se trata de constructos diferentes y poco relacionados entre sí: la valoración de una serie de metas laborales y la autodescripción en términos instrumentales y expresivos.

    El hecho de que el individualismo como dimensión cultural haya aparecido relacionado negativamente con el sexismo podría deberse a la confusión de esta dimensión con el nivel de desarrollo humano de un país, dado que como ha mostrado el análisis de regresión, cuando se introducen conjuntamente las dimensiones de Hofstede y el IDH, esta última variable es la única que tiene poder predicativo. Este resultado respalda la afirmación anterior de que los países más desarrollados son más igualitarios, más "femeninos" y más "individualistas".

En el caso de la distancia de poder, tal y como habíamos hipotetizado, cuando mayor es la puntuación de un país en esta dimensión, más sexista es. Este resultado, así como la correlación que se ha encontrado entre respeto de los derechos civiles y bajos niveles de sexismo, vienen a avalar la tesis de Glick y Fiske (2001) de que el sexismo no es tanto una actitud negativa hacia las mujeres, sino una creencia acerca de la desigualdad entre hombres y mujeres.

Glick y cols. (2000), encontraron en su estudio de 19 países que el SH y el SB estuvieron relacionados con indicadores reales de desigualdad de género suministrados por las Naciones Unidas – proporción de mujeres en los roles de élite (GEM) y longevidad, nivel de educación y calidad de vida de las mujeres (GDI): cuanto más sexista era un país, menos igualdad de género había. De forma paralela a estos datos, nuestros resultados muestran que cuanto más sexistas son los habitantes de un país, más hijos tienen las mujeres de ese país (y mayor es el tamaño de la familia).El sexismo, pues, aparece claramente relacionado con un conglomerado de hechos que muestran la discriminación o situación de inferioridad de las mujeres: poca presencia en las instituciones públicas y en los puestos directivos, baja calidad de vida y nivel educativo, menor longevidad y más hijos/as.

Además, el sexismo ha aparecido claramente relacionado con los valores que se consideran idóneos para transmitir a los niños y niñas: buenos modales, religiosidad y obediencia, en lugar de independencia.

Podemos decir que, en general, estos resultados avalan la validez transcultural de la concepción del sexismo ambivalente, como creencias que justifican la desigualdad entre hombres y mujeres, mostrando su relación con variables de naturaleza bien diferente: bajo nivel de desarrollo humano del país, bajos niveles de feminidad -entendida como autoconcepto (en hombres y en mujeres), mayor colectivismo, mayor distancia al poder, menor respeto de los derechos civiles, mayor tasa de fecundidad en las mujeres adultas y más educación en los valores de buenos modales, religiosidad y obediencia. El hecho de que estas variables estén relacionadas tanto con el SH como con el SB sugiere que ambos tipos de sexismo son las dos caras de una misma realidad, que contribuye a legitimar la situación de desigualdad de la mujer.

    Las comparaciones transculturales que hemos presentado tienen un carácter limitado. En primer lugar porque las muestras estudiadas en cada país son bastante diferentes (en tamaño y en ocasiones en la forma en que han sido seleccionadas). En segundo lugar, porque las variables analizadas proceden de diferentes muestras (aunque del mismo país), lo que impide realizar comparaciones individuales y, en ocasiones, limita las comparaciones entre variables a aquellas de las que se dispone información para el mismo país. Además, la naturaleza diferente de las variables estudiadas nos lleva a ser cautos en la interpretación de nuestros resultados. Claramente, la realización de investigaciones futuras con muestras más adecuadas y representativas parece una tarea necesaria y deseable.

 


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