VOLUMEN: 5 NÚMERO: 10

INTELIGENCIA EMOCIONAL Y LA VARIABLE GÉNERO

 

Candela Agulló, Carlos
Barberá Heredia, Ester
Ramos López, Amparo
Sarrió Catalá, Maite
Personal Investigación. Dpto. Psicología Básica, Universitat de València (Spain)
Catedrática de Psicología. Dpto. Psicología Básica, Universitat de València (Spain)
Institut Universitari d’Estudis de la Dona, València (Spain)
Institut Universitari d’Estudis de la Dona, València (Spain)

 


    La inteligencia emocional es un término relativamente reciente, que hace referencia a un constructo que complementa el concepto tradicional de inteligencia enfatizando las contribuciones emocionales, personales y sociales a la conducta inteligente. Como éste es un concepto nuevo, no posee un cuerpo de investigación muy amplio. Principalmente, la investigación desarrollada en torno a la inteligencia emocional se ha centrado en la conceptualización y factorización del constructo, a través de estudios empíricos, relacionando la IE con características de personalidad y con otras variables cognitivas.

    También ha habido bastante investigación, aunque menos cuantiosa, en el área del trabajo y las organizaciones, debido principalmente a la utilidad práctica que tiene la IE en el desempeño laboral. El conjunto de habilidades, que representa la IE, capacita a la persona para escuchar y comunicarse de forma eficaz, para adaptarse y dar respuestas creativas ante los obstáculos, controlarse a sí mismo, inspirando confianza, y motivar a los demás. Concretamente en el ámbito directivo, estas habilidades son cruciales para lograr la eficacia grupal, por medio de la comunicación y la coordinación del equipo de trabajo, y a un nivel mas elevado, también son cruciales para lograr la eficacia organizacional (Candela, Sarrió, Barberá y Ramos, 2000).

    En este trabajo, nos proponemos analizar la investigación desarrollada en torno al concepto de IE en los diferentes ámbitos de aplicación. Nuestro interés se centra, particularmente, en la relación existente entre la inteligencia emocional y la variable género, revisando los estudios desarrollados al respecto. Partiendo de la base de que éste es un concepto relativamente nuevo, sabemos que no existe una gran cantidad de investigaciones empíricas que introduzcan la variable género en sus análisis de la inteligencia emocional, pero sí hemos descubierto cierta tendencia en los resultados obtenidos.

 

1. CONCEPTO Y FACTORES DE LA IE

    En la última década ha habido diversos intentos de incluir la inteligencia emocional dentro del marco de las teorías de las habilidades cognitivas humanas (Goleman, 1996; Mayer y Salovey, 1993). Algunos autores ven la capacidad de procesar información afectiva como una "habilidad o aptitud mental", porque existe una serie de habilidades relacionadas con la inteligencia emocional que implican directamente un procesamiento de la información afectiva. Sin embargo, se puede demostrar la naturaleza ambigua de la IE por medio de dos tradiciones de investigación diferentes. En primer lugar, parece que los individuos emocionalmente diestros se caracterizan por ciertos rasgos de personalidad, que sabemos que no tienen relación alguna con las habilidades cognitivas. Por otra parte, la inteligencia emocional parece mostrar, al menos conceptualmente, una similitud con otros tipos de habilidades cognitivas, particularmente con la inteligencia social (Thorndike) y la inteligencia cristalizada (Cattell).

    A pesar de las ambigüedades mencionadas, un aspecto en el que sí parecen estar de acuerdo los estudiosos del tema es en que la IE se puede aprender, y por lo tanto enseñar. Los investigadores son conscientes, y así lo expresan, de la utilidad práctica y el beneficio personal que se puede obtener con la formación y mejora de la IE (Goleman, 1997; Cooper y Sawaf, 1997). Por esto, el concepto de IE y su investigación se han multiplicado en los últimos años. Como afirman Cooper y Sawaf (1997), "la ciencia de la inteligencia emocional progresa exponencialmente, impulsada por centenares de investigaciones y estudios empresariales, y nos enseña todos los días cómo mejorar nuestra capacidad de razonamiento al tiempo que sacamos el mejor partido posible de esa energía que es nuestra emotividad, de la sabiduría contenida en la intuición, de la potencia inherente en nuestra facultad de comunicar a un nivel fundamental con nosotros mismos y con quienes nos rodean".

 

1.1. Aportaciones específicas a la IE

    En cuanto al concepto de inteligencia emocional, éste comprende una serie de habilidades necesarias para el optimo desarrollo del individuo, tanto a nivel personal como social y laboral. La persona con elevada IE posee la habilidad de conocer y manejar sus propias emociones, y es capaz de percibir, interpretar y aprovechar las emociones de los demás. Básicamente, las emociones son energía, y los individuos con elevada IE saben encauzar o dirigir esa energía en favor de los intereses propios, de quienes les rodean o de su organización.

    A continuación vamos a revisar las diferentes aproximaciones realizadas al concepto de IE. En primer lugar, la conceptuación derivada de los trabajos de Salovey y Mayer (Salovey y Mayer, 1990; Mayer y Salovey, 1997), posteriormente revisaremos el concepto propuesto por Daniel Goleman (Goleman, 1997), y por último, analizaremos el trabajo de Cooper y Sawaf (Cooper y Sawaf, 1997).

 

El planteamiento de John Mayer y Peter Salovey

    Mucha de la investigación estudiada es de naturaleza descriptiva. Y las cualidades descriptivas del trabajo han sido desarrolladas a través de la elaboración de escalas y medidas; las cuales no interesan por sí mismas, sino por los constructos encontrados en ellas y en los medios en los cuales han operacionalizado parte de lo que se ha llamado inteligencia emocional (Salovey & Mayer, 1990). Existe un conjunto de procesos mentales que está relacionado conceptualmente, y que está involucrado en la información emocional; tales procesos mentales son los siguientes:

    - evaluación y expresión de las emociones en uno mismo y en los otros,

    - regulación de la emoción en uno mismo y en los otros,

    - utilización de las emociones en direcciones adaptativas.

    Aunque estos procesos son comunes, el modelo trata además las diferencias individuales en procesar estilos y habilidades. Tales diferencias individuales son importantes por dos razones: primero, ellas han tenido una gran tradición a lo largo del siglo entre los clínicos que reconocen que la gente difiere en la capacidad de comprender y expresar las emociones; y segundo, las diferencias se aprenden, y por tanto pueden ser buscadas en los estilos subyacentes, y por ello contribuyen a la salud mental de la gente.

    El término Inteligencia Emocional fue acuñado por Salovey y Mayer (1990), y popularizado por Goleman (1996). Mayer y Salovey definían inicialmente la inteligencia emocional como la "habilidad para manejar los sentimientos y emociones propios y de los demás, de discriminar entre ellos y de utilizar esta información para guiar el pensamiento y la acción de uno mismo y de los demás" (p. 189). Estos autores se refieren a cualidades como la comprensión de nuestros propios sentimientos, la empatía por los sentimientos de los demás y "la regulación de la emoción de forma que intensifique nuestras vidas". Esta definición se centra, principalmente, en la percepción y regulación de la emoción. Más recientemente, Mayer y Salovey (1997) dan un mayor énfasis al pensamiento sobre los sentimientos. De esta forma, su definición actualizada es la siguiente:

- La IE supone la habilidad de percibir de forma correcta, evaluar y expresar las emociones.

- La habilidad para acceder a y/o generar los sentimientos cuando pueden facilitar el pensamiento.

- La habilidad para comprender las emociones y la conciencia emocional.

- Y la habilidad para regular las emociones con el objetivo de crecer emocional e intelectualmente.

 

El planteamiento de Daniel Goleman

    Goleman populariza el concepto de IE de Mayer y Salovey en su libro "Inteligencia emocional", en el que plantea la existencia de un Cociente Emocional (CE), que no se opone al Cociente Intelectual (CI), sino que se complementa. Algunas personas han sido dotadas con ambos cocientes, otras con menor cantidad o con ninguna de uno u otro. Lo que los investigadores están intentando entender es cómo se complementan una inteligencia con otra; cómo la capacidad para controlar el estrés afecta a la habilidad para concentrarse y usar la inteligencia. Sobre los ingredientes para el éxito, los investigadores están de acuerdo en que el CI interviene en un 20%; el resto depende de todo tipo de factores, entre los que podemos destacar: auto-motivación, persistencia ante las dificultades, optimismo, auto-control, etc., todos ellos relacionados con la inteligencia emocional (Goleman, 1996).

    Goleman (1996) habla de la IE como una forma de interactuar con el mundo que tiene muy en cuenta los sentimientos, y engloba habilidades tales como el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la agilidad mental, etc. Ellas configuran rasgos del carácter como la auto-disciplina, la compasión o el altruismo, que resultan indispensables para una buena y creativa adaptación social. Goleman habla de una serie de factores que constituyen la IE:

- CONCIENCIA DE UNO MISMO. Conciencia de nuestros propios estados internos, recursos e intuiciones.

- AUTORREGULACIÓN. Control de nuestros estados, impulsos y recursos internos.

- MOTIVACIÓN. Las tendencias emocionales que guían o facilitan el logro de nuestros objetivos.

- EMPATÍA. Conciencia de los sentimientos, necesidades y preocupaciones ajenas.

- HABILIDADES SOCIALES. Capacidad para inducir respuestas deseables en los demás.

 

El planteamiento de R.K. Cooper y A. Sawaf

    Estos autores presentan, en su libro Estrategia emocional para ejecutivos, su modelo de los "Cuatro Pilares" de la Inteligencia Emocional, que saca dicho concepto de los dominios del análisis psicológico y de las teorías filosóficas para situarla en los del conocimiento directo, la exploración y la aplicación. Los pilares que conforman la IE, según Cooper y Sawaf, son los siguientes:

- ALFABETIZACIÓN EMOCIONAL. La honradez emocional, la energía, el conocimiento, el feedback, la intuición, la responsabilidad y la conexión forman el pilar de la eficacia y el aplomo personal.

- AGILIDAD EMOCIONAL. Sirve para fomentar nuestra autenticidad, nuestra credibilidad y nuestra flexibilidad, ampliar nuestro círculo de confianza y nuestra capacidad para escuchar, asumir conflictos y sacar el máximo partido posible del descontento positivo.

- PROFUNDIDAD EMOCIONAL. Se trata de armonizar la vida y el trabajo con el potencial y las intenciones que le son peculiares, poniendo en ello su integridad, su empeño y su responsabilidad.

- ALQUIMIA EMOCIONAL. Con este factor ampliamos nuestro instinto y nuestra capacidad de creación aprendiendo a fluir con los problemas y las presiones, y a competir contra el futuro educando nuestras facultades para percibir mejor las soluciones y oportunidades ocultas.

    Los sentimientos nos proporcionan una información vital y tal vez provechosa. Este feedback que recibimos del corazón, no de la cabeza, es lo que comunica su fuego al genio creador, nos ayuda a ser sinceros para con nosotros mismos, configura relaciones de mutua confianza, suministra rumbo interior a nuestra vida y nuestra carrera, nos orienta hacia posibilidades insospechadas, y tal vez incluso salvará del desastre nuestra organización. Pero la inteligencia emocional va más allá. La IE requiere que aprendamos a reconocer y a valorar los sentimientos, así en nosotros mismos como en los demás, y que reaccionemos adecuadamente a ellos aplicando eficazmente la información y la energía de las emociones a nuestra vida cotidiana y nuestro trabajo. De forma que la definición de Cooper y Sawaf (1997) sería:

La inteligencia emocional es la aptitud para captar, entender y aplicar eficazmente la fuerza y la perspicacia de las emociones en tanto que fuente de energía humana, información, relaciones e influencia.

 

1.2. Elementos comunes en las aportaciones

    Si analizamos detenidamente las tres definiciones anteriores, podemos ver cómo aparece una serie de elementos comunes en todas ellas, como son: la capacidad de identificar y discriminar nuestras propias emociones y las de los demás, la capacidad de manejar y regular esas emociones y la capacidad de utilizarlas de forma adaptativa. Estos tres elementos parecen ser el eje central de las definiciones y teorías desarrolladas para explicar la IE. Ahora bien, esos tres grandes elementos básicos de la IE se pueden desmenuzar en muchas competencias o habilidades. Las teorías desarrolladas por Goleman (1996, 1997) y por Cooper y Sawaf (1997) prestan una gran atención a las competencias que integra la IE.

 

La capacidad para identificar y discriminar nuestras propias emociones y las de los demás

    El primero de los tres grandes apartados de las definiciones queda representado por las competencias emocionales de "conciencia de uno mismo", como son el auto-conocimiento, la valoración emocional y la confianza en uno mismo (Goleman, 1997); y la "alfabetización emocional", refiriéndose a la honradez emocional, la energía, el conocimiento, el feedback, la intuición, la responsabilidad y la conexión (Cooper y Sawaf, 1997).

 

La capacidad para manejar y regular las emociones

    El segundo elemento de las definiciones se corresponde con las competencias emocionales de "autorregulación" y "motivación". Definida la "conciencia de si mismo" como uno de los ámbitos que integra el concepto de IE, llegamos al punto de saber qué hacer con esas emociones que ahora somos capaces de reconocer e identificar. Porque, ¿de que serviría conocer bien nuestras emociones si no somos capaces de controlarlas? Es aquí donde entran en juego las competencias relacionadas con la autorregulación, la integridad, responsabilidad, apertura, flexibilidad de ideas, innovación y creatividad (Goleman, 1997). Cooper y Sawaf (1997) plantean el segundo pilar de su teoría, "agilidad emocional", como el factor determinante para la capacidad de manejar y regular las emociones. Para estos autores, la "agilidad emocional" sirve para edificar nuestra autenticidad, nuestra credibilidad y nuestra flexibilidad, ampliando nuestro circulo de confianza y nuestra capacidad para escuchar, asumir conflictos y sacar el máximo partido posible del descontento positivo.

 

La capacidad de utilizar las emociones de forma adaptativa

    El tercer aspecto extraído de las definiciones de la IE se puede entender por medio de un conjunto de competencias emocionales relacionadas con la empatía y las habilidades sociales. En primer lugar, las competencias vinculadas a la empatía son la comprensión de los demás, el desarrollo de los demás, la orientación hacia el servicio y el optimismo (Goleman, 1997). Además, existe un conjunto de competencias relacionadas con las habilidades sociales, como, por ejemplo, la influencia, comunicación, gestión de conflictos, liderazgo, catalización del cambio, colaboración y cooperación, y habilidades de equipo. Cooper y Sawaf (1997) plantean una visión diferente de este último grupo de competencias, las referidas a la "capacidad de utilizar las emociones adaptativamente". Ellos hablan de dos pilares, dentro de su teoría de la IE, llamados "profundidad emocional" y "alquimia emocional". Con la primera se trata de armonizar la vida y el trabajo con el potencial y las intenciones que le son peculiares, poniendo en ello su integridad, su empeño y su responsabilidad. Y el segundo, la "alquimia emocional", nos permite ampliar nuestro instinto y nuestra capacidad de creación aprendiendo a fluir con los problemas y las presiones, y a competir contra el futuro educando nuestras facultades para percibir mejor las soluciones y oportunidades ocultas.

 

2. INVESTIGACIÓN EMPÍRICA SOBRE IE

    Con el fin de explorar los estudios empíricos existentes en este campo de investigación, hemos realizado una revisión bibliográfica, que no pretende ser exhaustiva, en las bases de datos de la American Psychological Association (PsycLit), y en otras bases de datos de educación (Eric) y economía (EconLit), incluyendo los artículos publicados en el periodo de tiempo comprendido entre 1989 y 2000. Para realizar la búsqueda, se introdujo el término "emotional intelligence", y los resultados arrojaron 164 referencias. En base a esta búsqueda, hemos clasificado los artículos en cinco grupos, según la temática:

- concepto

- instrumentos de medida

- trabajo y organizaciones

- educación

- salud

    Posteriormente hemos seleccionado aquellas referencias sobre estudios empíricos, y hemos encontrado un total de 61. El número de trabajos empíricos de cada grupo temático nos da una idea de la producción científica, y de las líneas de investigación más relevantes en este campo. Así, por ejemplo, el campo de investigación más importante, por la cantidad de estudios desarrollados (22), es la conceptuación de la inteligencia emocional. En este campo encontramos trabajos que tratan de clarificar el concepto de IE, su composición factorial, su relación con variables cognitivas, de personalidad, variables del desarrollo y de funcionamiento personal y social. Además, para establecer los límites del concepto, hay una serie de trabajos que analizan la relación existente entre el concepto de IE y el control de las emociones, el reconocimiento de las emociones, la empatía, la creatividad, y otras habilidades cognitivas. En general, los resultados de los estudios apuntan a que la IE es un constructo general, que describe la habilidad para valorar y expresar emociones, y utilizarlas para propósitos motivacionales y de toma de decisiones.

    Hay una serie de estudios encaminados al desarrollo de instrumentos de medida de la IE (8). En esta área de trabajo, Mestre, Guil, Carreras de Alba y Braza (2000) plantean su estudio como una propuesta hacia la búsqueda de un instrumento fiable y válido de la medida de la IE, que permita un mejor acercamiento al conocimiento de este constructo. Estos autores parten del hecho de la aparición de pruebas de evaluación que resultan poco fiables y válidas, impulsadas por el éxito divulgativo que ha tenido la IE, sobre todo a raíz del best seller de Goleman "Inteligencia Emocional". En su estudio ponen a prueba la validez de criterio de una medida de IE (Martin y Boëck), utilizando una muestra de 184 estudiantes universitarios que pasaron las pruebas de IE y estilos motivacionales (desarrollada por Price Waterhouse). Los resultados de este trabajo indican que no existe relación entre la IE y las medidas que se tomaron como criterio.

    En esta misma línea, hay estudios que evaluan la fiabildiad y validez del Bar-On Emotional Quotient Inventory (EQ-i), una escala de 133 items (Dawda y Hart, 2000). La investigación ha demostrado que la escala tiene buena consistencia interna y fiabilidad test-retest, así como validez. Otros estudios han utilizado el Multi-factor Emotional Intelligence Scale (MEIS) para evaluar la inteligencia emocional, obteniendo niveles satisfactorios de fiabilidad y validez (Ciarrochi, Chan y Caputi, 2000). Schutte, Malouff, May, Cooper, Golden y Dornheim (1998) desarrollan una escala de inteligencia emocional de 33 ítems, a partir de un conjunto de 62 ítems basado en el modelo original de IE de Salovey y Mayer (1990). En el estudio, 346 participantes contestaron a los 62 ítems, en una escala de respuesta de cinco puntos; el análisis factorial aplicado a los resultados sugirió la selección de 33 ítems para la escala final. También se realizan pruebas para comprobar la fiabilidad y validez del nuevo instrumento, y las conclusiones apuntan a que la escala de 33 ítems es una medida válida y fiable de la IE, tal y como es conceptualizada por Salovey y Mayer (1990).

    Por último, Chico (1999) analiza las propiedades psicométricas de la Escala de Inteligencia Emocional desarrollada por Schutte et al. (1998). En líneas generales, los resultados de este trabajo demuestran que la escala posee unas características psicométricas adecuadas. Parece que la investigación sobre los instrumentos de medida de la IE está encontrando resultados positivos, ya que se alcanzan niveles aceptables de fiabildiad y validez, lo que significa que las medidas son estables y que miden lo que se pretende medir. Además, se ha analizado la validez discriminante de las medidas, y los resultados apuntan hacia una relación positiva de la IE con diferentes medidas criterio, como la comprensión y manejo de las emociones, la percepción de emociones, satisfacción vital, extraversión, entre otras. También se han encontrado relaciones negativas con neuroticismo y depresión. Estos resultados indican que la IE representa a aquellas personas con afectividad positiva, concienzudas y flexibles, que tienen pocas dificultades a la hora de identificar y describir los sentimientos, y que no tienen tendencia a mostrar sintomatología somática bajo condiciones de estrés. En general, se ha afirmado que los instrumentos desarrollados son buenos índices de IE, aunque Chico concluye que la Escala de Inteligencia Emocional desarrollada por Schutte, et al. (1998) no posee buena capacidad predictiva, cuando se relaciona con las calificaciones académicas (Chico, 1999).

    Por otra parte, también existe un considerable cuerpo de investigación en el campo de estudio del "trabajo y las organizaciones" (13), en el cual se han desarrollado estudios que tratan de justificar la importancia que tiene la IE en el trabajo, enfatizando la utilidad de dicho constructo en este ámbito. De esta forma, los trabajos analizan el papel que juegan las competencias incluidas en el concepto de IE en variables como el liderazgo, la adaptación al trabajo, la solución de conflictos, la satisfacción laboral, el clima organizacional, el éxito laboral, entre otras. En general, la tendencia general de los resultados de las investigaciones apuntan a que la persona con un alto cociente emocional (CE) es una persona que capta con mayor rapidez, profundidad y facilidad que otras personas los conflictos que surgen y que necesitan una solución, los aspectos vulnerables del equipo o de la organización, o las oportunidades para ellos, para el equipo y para la organización.

    Otro campo de investigación en el cual se ha desarrollado un importante conjunto de trabajos es "la educación" (12), debido también, al igual que en el ámbito del trabajo, a la importante vertiente de aplicabilidad que conlleva la concepción de la IE. Por lo tanto, los estudios llevados a cabo en esta área se centran en analizar la evolución de la IE en los niños, la importancia que juega la IE en el aprendizaje, en el desarrollo intelectual y en la autorregulación. Otro aspecto importante de la investigación en este campo es el desarrollo de programas para el fomento de la IE en los niños, centrándose en aspectos como el reconocimiento de emociones, la empatía, y en defintivia, las competencias emocionales. La filosofía de estos programas parte del hecho de que hasta tiempos recientes, se ha dado más énfasis en el ámbito educativo a desarrollar funciones eminentemente cognoscitivas como la memoria, el razonamiento, la percepción, las funciones intelectuales de ánalisis-síntesis, etc, que resultan fundamentales para el aprendizaje curricular. Sin embargo, ha sido más bien escaso el énfasis otorgado a la implantación de programas reglados tendentes a desarrollar habilidades de competencia social y de IE. Desde este tipo de programas se resalta la importancia de la implantación de medidas dirigidas a educar las emociones. Debido a que estos trabajos son relativamente recientes, aún no se cuenta con conclusiones sólidas sobre el fomento de las competencias emocionales en los niños.

    Por último, un campo de investigación que aún no se ha desarrollado ampliamente es el área de la salud (6). Se han llevado a cabo estudios tratando de relacionar la IE con la alexitimia, entendida como la incapacidad para el reconocimiento de emociones, y estudios sobre la relación de la emoción con la salud, desde el punto de vista de la inteligencia emocional.

 

3. LA VARIABLE GÉNERO EN LA INVESTIGACIÓN SOBRE IE

    Tradicionalmente se ha considerado que las mujeres son más emocionales, debido a una socialización más en contacto con los sentimientos, afirmándose que ellas suelen ser emocionalmente más expresivas que los varones, y que reconocen mejor las emociones en los demás. Las mujeres suelen mostrar mayor habilidad que los hombres en ciertas competencias interpersonales, al menos en ciertas culturas en las que ellas son educadas para permanecer más en contacto con los sentimientos y sus matices.

    De acuerdo con esta característica, el objetivo central de este trabajo es comprobar si la psicología se ha ocupado de analizar esas diferencias de género en IE. Con nuestra revisión, nos damos cuenta de que los investigadores no han dirigido sus trabajos hacia este objetivo, ya que hemos encontrado muy pocos estudios que consideren la variable género como un elemento de análisis. Hemos analizado en profundidad tres trabajos que incorporan la variable género, de los cuales tan sólo uno establece hipótesis sobre la relación del género con la IE, mientras que los otros dos estudios analizan el género como una variable demográfica más dentro de su investigación, pero no lo plantean como un objetivo de trabajo. Los estudios revisados son los siguientes.

El estudio de Ciarrochi et al. (2000) evalúa el constructo de inteligencia emocional, a través de la evaluación con el Multi-factor Emotional Intelligence Scale (MEIS). En este trabajo, los autores analizan las propiedades psicométricas de la escala, además de comprobar las siguientes hipótesis:

- la IE se relaciona con variables con las que teóricamente debería estar relacionada;

- la IE se relaciona con variables criterio (inteligencia, empatía, satisfacción vital, cariño familiar, extraversión y neuroticismo, apertura a los sentimientos y a la estética, calidad de las relaciones, y autoestima) y con prejuicios sobre el humor;

- la IE modera la relación entre el humor inducido experimentalmente y los juicios influidos por el estado de humor y el manejo del mismo;

- las mujeres obtienen mayores puntuaciones que los varones en IE.

Los resultados apuntan a que la IE se relaciona con las variables con las que teóricamente debería estar relacionada, habiéndose obtenido las siguientes correlaciones:

- Las correlaciones más importantes se dan en el factor de "IE General".

- Las correlaciones entre los factores de IE y la inteligencia no son significativas.

- Las correlaciones entre IE General y Empatía, Extraversión, Apertura a los Sentimientos y Autoestima eran significativas.

- Las correlaciones entre IE General y Neuroticismo y Apertura a la Estética no eran significativas.

- La IE General se relacionaba significativamente con Satisfacción Vital y Calidad de las Relaciones, pero no con Cariño Familiar.

    Los resultados apoyan la idea de que la IE, en general, se relaciona con las variables con las que teóricamente debería relacionarse. También dan apoyo para la validez discriminante de la IE, en la que la IE explica la varianza de los criterios, incluso después de controlar otras variables.

    Por otra parte, se ha examinado la hipótesis de si los juicios de las personas con elevada IE están menos influidos por un estado de humor irrelevante, en comparación con las personas con menor IE. Las personas con baja IE no mostraban diferencias en sus juicios, en comparación con las personas con alta IE. Por tanto, la IE se relaciona con el manejo del humor, pero no se relaciona con los juicios basados en el humor. Las personas con alta IE son más capaces de buscar recuerdos positivos en un estado de humor positivo (consistente con el mantenimiento del humor) y en estados de humor negativos (consistente con la recuperación del humor). Este efecto ocurre incluso después de controlar la Autoestima, variable que se ha demostrado estar relacionada con el manejo del humor.

    Por último, una de las hipótesis que se planteaba dicho trabajo es si las mujeres obtienen mayores puntuaciones que los varones en inteligencia emocional. Los resultados indicaban que las mujeres tenían puntuaciones significativamente más elevadas en los factores de IE General, Percepción de emociones, y Comprensión y Manejo de emociones. Este resultado es consistente con la investigación previa, que sugiere que las mujeres son mejores a la hora de percibir emociones. Hay diversas explicaciones para estas diferencias de sexo: puede que la socialización influya en que las mujeres sepan leer mejor las emociones, a través de una educación más centrada en el cuidado y la atención a las personas; o es posible que las mujeres estén biológicamente más preparadas para la percepción de emociones. Sería necesaria más investigación en esta línea para determinar cuál es la causa de estas diferencias.

    En el trabajo de Dawda y Hart (2000), se plantean como objetivo principal evaluar la fiabilidad y validez del cuestionario Bar-On Emotional Quotient Inventory (EQ-i), en el contexto de un programa de investigación que examina la relación entre la emoción y la personalidad. Además, también estaban interesados en evaluar la relación entre las dimensiones del EQ-i con la personalidad y la psicopatología (alexitimia). Los autores esperaban encontrar correlaciones negativas entre la alexitimia y la dimensión de EQ Intrapersonal.

    En el estudio participaron 243 estudiantes universitarios, de los cuales 118 eran varones, y 125 mujeres. Los principales resultados indican que la escala EQ Intrapersonal mostraba una alta correlación negativa con neuroticismo y depresión. Estos resultados apoyan la afirmación de que esta escala representa a las personas que "se sienten bien consigo mismas y con lo que están haciendo en sus vidas". Estos resultados eran muy similares en varones y mujeres. Esta escala se diseñó para reflejar a "las personas que están en contacto con sus sentimientos y son capaces de expresarlos". Las correlaciones negativas con las medidas de alexitimia apoyan esta afirmación. Se encontró un resultado interesante sobre diferencias de género: la escala EQ Intrapersonal correlacionaba con la dimensión de Orientación externa de la alexitimia, pero sólo en mujeres, no en varones.

    En general, y por lo que se refiere a la variable género, no se encuentran diferencias significativas en las puntuaciones totales del EQ-i. Sin embargo, las mujeres puntuaban significativamente más alto que los varones en el factor de Responsabilidad Social, mientras que los varones puntuaban más alto en Independencia y Optimismo. Además, estos autores encuentran patrones de validez del cuestionario muy similares en ambos sexos, por lo que parece que no existen muchas diferencias entre varones y mujeres.

    Por ultimo, Bar-On, Brown, Kirkcaldy, y Thome (2000) examinan las dimensiones de expresividad emocional en diferentes ocupaciones (policía, cuidadores de niños y educadores de la salud mental), utilizando el mismo cuestionario que Dawda y Hart (2000) para evaluar la inteligencia emocional (Bar-On Emotional Quotient Inventory, EQ-i). Este trabajo parte de una serie de premisas:

- la policía está dominada por hombres, en una organización con valores muy masculinizados, mientras que los cuidadores representan una ocupación femenina, con las mujeres como el grupo mayoritario, por tanto, se puede esperar que el trabajo de policía sea más represivo de las emociones que el trabajo de los cuidadores;

- las mujeres suelen ser emocionalmente más expresivas que los hombres;

- los autores esperan encontrar interacción entre género y ocupación.

    La muestra estaba compuesta por 167 sujetos, en dos grupos de profesionales de la ayuda: 1) oficiales de policía, mandos intermedios (n=85) y 2) personal profesional de la salud mental y el cuidado de niños (n=81). La muestra estaba formada por un 72% de varones y un 28% de mujeres. El porcentaje de mujeres era mucho menor en la policía (10%) que en las profesiones de trabajo social: salud mental (53%) y cuidado de niños (39%).

    Los resultados indican que en la mayoría de las medidas principales de IE, los oficiales de policía puntúan significativamente más alto que los dos grupos de trabajadores sociales. Los oficiales de policía puntuaban significativamente más alto que el grupo combinado de trabajadores sociales, en términos de afecto positivo y estabilidad emocional, aunque no en conformidad social. Estos resultados implican que los oficiales de policía eran más conscientes de sí mismos y de los demás, más adaptables en general, afrontan los problemas mejor y disfrutan más de su trabajo.

    Sobre los efectos del género, los resultados indican que no hay diferencias significativas entre varones y mujeres en inteligencia emocional general. Sin embargo, parece que las mujeres tienen mejores habilidades interpersonales, mientras que los varones son mejores en la tolerancia al estrés y el control de impulsos. Estos resultados coinciden con la investigación en la que las mujeres tienen mayores oportunidades de interacción social, con una red social relativamente amplia, la cual aumenta su sentido de bienestar y felicidad en el trabajo (Rose, 1995).

    También se han examinado las interacciones entre la profesión y el género. Las pruebas F para las escalas individuales eran todas no significativas. Además, los perfiles de las escalas emocionales no mostraban un efecto significativo del género por grupo profesional. Por lo tanto, no se encontraron efectos significativos de la interacción género/profesión. Una posible interpretación es que el potencial de socialización dentro de la cultura organizacional cubre o enmascara las diferencias de género.

 

4. REFLEXIONES FINALES

    La producción científica en el campo de la inteligencia emocional va creciendo progresivamente, ampliando los campos de investigación y aplicación de las teorías desarrolladas. De esta forma, hemos encontrado estudios empíricos en áreas tan dispares como son educación, salud, trabajo y organizaciones, instrumentos de medida y conceptuación de la inteligencia emocional. Algunas de las conclusiones generales a las que llegamos después del análisis de los trabajos es que los resultados indican la distintividad y utilidad de la IE, y apoyan la idea de que la IE se relaciona con las variables con las que teóricamente debería relacionarse.

    Dentro de esta serie de estudios empíricos encontramos algunos que han incluido la variable género entre sus análisis, poniendo a prueba hipótesis sobre posibles diferencias entre varones y mujeres en las habilidades emocionales. Los resultados de la revisión apuntan a que no existen suficientes estudios que incorporen la variable género entre sus hipótesis de trabajo.

    Teniendo en cuenta los tres estudios revisados, los autores encuentran que no existen diferencias en inteligencia emocional general entre varones y mujeres, lo que vendría a contradecir la creencia popular de que las mujeres están más en contacto con las emociones. Sin embargo, sí que parece haber ciertas diferencias en factores concretos de la inteligencia emocional, por ejemplo, las mujeres parecen tener mayores habilidades interpersonales, y son más hábiles a la hora de percibir y comprender las emociones. Por otra parte, los varones destacan en habilidades de control de impulsos y tolerancia al estrés. Sin embargo, no podemos extraer conclusiones sólidas, debido a la poca investigación desarrollada sobre la variable género y la IE.

    Debido a que no hay conclusiones respecto a la existencia o no de diferencias significativas entre varones y mujeres, y menos aún sobre el posible origen de esas diferencias, sería necesaria más investigación para determinar las diferencias específicas entre varones y mujeres, por ejemplo, en percepción de emociones o en comprensión y manejo de emociones. Otro aspecto a evaluar es la causa de esas diferencias que parece haber en habilidades concretas, según apuntan los estudios analizados.

 



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Cooper, R.K. y Sawaf, A. (1997). Estrategia emocional para ejecutivos. Barcelona: Martínez Roca.

Candela, C., Sarrió, M., Barberá, E. y Ramos, A. (2000). "Inteligencia emocional y competencias directivas". Comunicación presentada en Iº Congreso Hispano-Portugués de Psicología. Santiago de Compostela, 20-23 Septiembre, 2000.

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